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TEMA 10. REGENERACIONISMO, CRISIS Y DERIVA AUTORITARIA DEL RÉGIMEN DE LA RESTAURACIÓN (1898-1931). EL PROBLEMA COLONIAL.
 1.- EVOLUCIÓN POLÍTICA (1902 – 1923)
    Tras la llegada al trono de Alfonso en 1902, se inician una serie de intentos de modernización del sistema político de la llamada Segunda Restauración.
1.1. Maura y la “revolución desde arriba”.
    En 1903 alcanzó la jefatura del Partido Conservador Antonio Maura, mientras en el Partido Liberal se afianzaba José Canalejas. Desde 1904, el conservador Antonio Maura recogió la consigna de revolución "desde arriba", pretendiendo la regeneración a partir de las "masas neutras", configurando un Estado fuerte, que desbancase el caciquismo. Para tal fin, aprobó la Ley Electoral de 1907, aunque el fraude continuó debido al artículo 29.
    En 1905 se produjo una crisis entre militares y el catalanismo cuando un grupo de oficiales asaltó la revista satírica ¡Cu-Cut! y La Veu de Catalunya. Este hecho agilizó la aprobación de la Ley de jurisdicciones en 1906 bajo el gobierno de Moret. Por otro lado, Maura procuró atraer a la Lliga Regionalista, diseñando el Proyecto de Reforma de la Administración.
    Durante el “gobierno largo” (1907-1909) de Maura se adoptaron medidas económicas como la Ley de Protección de la Industria Nacional o la Ley de Colonización Interior para estimular la agricultura. En el terreno social, se aprobaron la Ley del Descanso Dominical y se fundó el Instituto Nacional de Previsión (1908).
1.2. Canalejas y el reformismo liberal.
    Tras la represión de la Semana Trágica (1909) de Barcelona, el gobierno cayó en manos de José Canalejas, quien desde 1910 formó un nuevo gobierno liberal. Su programa proponía la modernización de la política y la limitación el poder de la Iglesia, a través de la reforma de la financiación, la separación del Estado y la Ley del Candado (1910), que limitaba el establecimiento de nuevas órdenes religiosas.
    En política económica y social, se sustituyó el impuesto de consumo por un impuesto progresivo sobre la renta. También se reformó la Ley del Reclutamiento (1912), pasando a ser obligatorio, a la vez que se suprimió la redención en metálico, aunque aparecía la figura del soldado de cuota.
    Canalejas fue sensible al problema de las autonomías regionales, para ello elaboró la Ley de Mancomunidades, pero tanto este proyecto como el resto de las reformas se vieron interrumpidos por la muerte de Canalejas, asesinado por un anarquista en Madrid, en 1912.
1.3. Crisis del turno y bloqueo del sistema.
     En 1913, Alfonso XIII nombra presidente del gobierno al conservador Eduardo Dato, quien constituyó la Mancomunidad de Cataluña en 1914, aunque en 1917 enfrentó una crisis al declarar el estado de excepción y reprimir en Barcelona la Asamblea de Parlamentarios catalanes (19 de julio de 1917).
   La crisis de 1917 se tradujo en la formación de sucesivos gobiernos de concentración o nacionales (Gobierno Nacional de Maura, 1918) y diez gobiernos liberales y conservadores entre 1918-1923.
2.- FORTALECIMIENTO DE LA OPOSICIÓN. LA CRISIS SOCIAL.
2.1. Republicanismo.
    El republicanismo fue la principal fuerza de oposición, aun siendo minoría en el parlamento. En 1903 hubo un intento unificador en la coalición Unión Republicana en torno a Salmerón, pero un sector se escindió fundando el Partido Radical (1908) con Alejandro Lerroux, en línea con la ideología de Vicente Blasco Ibáñez en Valencia.
    El republicanismo moderado se constituyó en 1912 en el Partido Reformista, dirigido por Melquiades Álvarez, quien fue acercándose posteriormente hacia los partidos dinásticos.
2.2. Catalanismo.
    El nacionalismo catalán tuvo su expresión conservadora en la Lliga Regionalista (1901) de Cambó, y su versión republicana de izquierdas en la Unión Federal Nacionalista Republicana (1910) y en Estat Català de Macià (1922).
2.3. Socialismo.
  En 1910, el PSOE pactó una alianza electoral expresada en una coalición republicano-socialista, consiguiendo el PSOE su primer diputado en el Congreso (Pablo Iglesias). En el contexto de la III Internacional, un sector decidió en 1921 abandonar el PSOE y fundar el Partido Comunista de España (PCE).
   En cuanto al sindicalismo, éste aumentó y actuó activamente en diferentes huelgas, como la huelga general en Barcelona (1902). Por su parte, el sindicato UGT tuvo un crecimiento estable con mayor incidencia en Madrid y norte de España.
2.4. Anarquismo y violencia social.
    En cuanto al sindicalismo anarquista, éste se centró en Cataluña, donde en 1907 se creó Solidaridad Obrera y en 1910 impulsó la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) con arraigo en Cataluña, Andalucía y Valencia. UGT y CNT actuaron conjuntamente al organizar la huelga general de agosto de 1917, fruto de un manifiesto común contra la inflación, que en un movimiento político y revolucionario.
En el campo andaluz, los anarquistas impulsaron el “trienio bolchevique” (1918-1921), con la quema de cosechas y ocupación de tierras.
    La conflictividad laboral aumentó especialmente en Barcelona, donde la huelga en La Canadiense radicalizó las posiciones. Los empresarios y patronos crearon la Federación Patronal de Barcelona, dando lugar al pistolerismo, contestado por grupos anarquistas como Los Solidarios (Durruti y García Oliver), implicados en el asesinato de Eduardo Dato (1921).
    En este escenario de violencia, el general Martínez Anido, gobernador civil de Barcelona, puso en práctica la llamada “Ley de Fugas” y extendió el somatén para controlar la situación.
3.- MARRUECOS Y LA CUESTIÓN COLONIAL.
   Después del desastre del 98, la actuación exterior española se orientó hacia el norte de África. La Conferencia de Algeciras (1906) supuso el establecimiento de un protectorado franco-español en Marruecos, donde el Rif le correspondió a España, que hizo frente a los ataques de las tribus bereberes (cabilas).
    La muerte de cuatro trabajadores españoles en Marruecos (9 julio 1909) desencadenó la movilización de reservistas, lo que provocó una fuerte protesta en el puerto de Barcelona el 18 de julio. El movimiento, con marcado carácter antimilitarista y anticlerical, se organizó en un comité (republicanos, socialistas y anarquistas), que convocó una huelga general para el 26 de julio. El desastre del Barranco del Lobo intensificó la revuelta, y las autoridades respondieron con el estado de guerra hasta el 2 de agosto. La represión fue durísima: centenares de detenidos, más de doscientos consejos de guerra y cinco ejecuciones, entre ellas la de Ferrer y Guardia.
    Entre las consecuencias políticas, una fuerte oleada de protestas en toda Europa, así como la unión de liberales y republicanos bajo la fórmula: “¡Maura no!”.
    Desde 1914, Marruecos fue perdiendo el atractivo económico inicial, y en un contexto inflacionista asociado a la I Guerra Mundial, los militares de media y baja graduación se organizaron en las Juntas de Defensa, que reclamaban un aumento salarial y ascensos por antigüedad, cuestión esta última que tenía dividido al ejército entre militares peninsulares y africanistas.
    En 1918 se reemprendieron las acciones militares con éxito en Ceuta y Tetuán con un ejército formado por regulares (tropas indígenas), soldados de reemplazo y miembros de la Legión fundada en 1920. En julio de 1921, el general Silvestre inició una ofensiva hacia Alhucemas sin proteger su retaguardia. Ante el ataque de Abd-el-Krim en Annual el ejército español huyó en desbandada, perdiendo todo el territorio y 13.000 hombres.
    El desastre de Annual evidenció la deficiente organización del ejército. En lo político, además de la dimisión del gobierno, se inició una comisión parlamentaria. El Expediente Picasso que apuntaría como responsable al Alto Comisario en Marruecos, general Dámaso Berenguer, y el propio Alfonso XIII.
4.- LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA (1923-1930)
    El 13 septiembre de 1923 se produjo un pronunciamiento militar iniciado en Barcelona, aceptado por el rey, cuyo protagonista fue el Capitán General de Cataluña, Miguel Primo de Rivera.
   Para los golpistas se justificó como un remedio ante un régimen constitucional bloqueado y desprestigiado y el peligro de revolución social por la conflictividad obrera y campesina. Defendían acabar con el bandidaje político, el caciquismo local, la indisciplina social y las amenazas a la unidad nacional.
4.1. El Directorio Militar.
    Una vez derrocado el gobierno, Primo de Rivera accedió al poder al frente de un Directorio militar “provisional” que se mantendría hasta 1925 como órgano asesor. Con las primeras medidas mostraba su carácter dictatorial con la suspensión del régimen constitucional, la disolución de las cámaras legislativas, la prohibición de los partidos políticos y sindicatos, y la militarización del orden público.
    La voluntad regeneracionista del Directorio se manifestó en dos campos:
    ·       Política anticaciquil, sustituyendo a los gobernadores civiles por personal militar y creando Juntas municipales. En este punto, Calvo Sotelo elaboró los Estatutos municipal (1924) y provincial (1925).
    ·       Fomento del nacionalismo de Estado de carácter “unitario” mediante la disolución de Diputaciones provinciales y la Mancomunidad de Cataluña, la restricción del empleo de lenguas propias y símbolos de identidad, así como la extensión del somatén catalán.
  Respecto al conflicto de Marruecos, Miguel Primo de Rivera asumió en 1924 el cargo de Alto Comisionado de Marruecos, iniciando desde 1925 una política de coordinación militar con Francia que desembocó en el desembarco de Alhucemas (1925) y la entrega de Abd-el-Krim s a las tropas francesas (1926).
4.2. El Directorio Civil.
    En 1925 el Directorio Militar dio paso a un Directorio Civil para institucionalizar el régimen. Nacía la Unión Patriótica en marzo de 1924 y se convocaba una Asamblea Nacional Consultiva (1927) como cámara corporativa y consultiva.
    En el terreno social, fundó la Organización Corporativa Nacional (1926) y promovió la legislación laboral recogida en el Código del Trabajo (1926). El éxito de la política social radicó en la colaboración inicial de la UGT con el régimen.
4.3. Oposición y crisis final de la dictadura.
    La oposición a la dictadura estuvo integrada por líderes de los antiguos partidos del turno, dirigentes monárquicos (golpe fallido de la Sanjuanada, 1926), intelectuales (Unamuno, Ortega y Gasset), la FUE (Federación Universitaria Española), republicanismo (Alianza Republicana), el nacionalismo catalán (Francesc Macià) y la izquierda política (PSOE) y sindical (CNT). En esta última aparecieron disensiones internas que acabarán por fundar la FAI en 1927.
    El consenso inicial fue resquebrajándose entre facciones monárquicas civiles y militares. Alfonso XIII optó por retirar la confianza al dictador, que dimitió el 28 de enero de 1930. El general Berenguer fue el encargado de sustituirle, pero la opinión pública mostró su descontento hacia la “dictablanda” (Delenda est Monarchia, Ortega y Gasset). Republicanos, catalanistas de izquierda, PSOE firmaron el Pacto de San Sebastián (agosto 1930), al tiempo que los capitanes Galán y García Hernández se sublevaban en Jaca. En febrero de 1931, el nuevo gobierno del almirante Aznar convocó elecciones municipales para el 12 de abril. El triunfo republicano en las ciudades hizo que Alfonzo XIII renunciase a la Corona y abandonase España, proclamándose el 14 de abril de 1931 la Segunda República Española.
CONCLUSIÓN
    El reinado de Alfonso XIII comenzó con expectativas regeneracionistas tras el 98, pero el intento de reformar el sistema desde dentro, liderado por Maura y Canalejas, fracasó ante el caciquismo, el falseamiento electoral y la exclusión de fuerzas emergentes. La Semana Trágica de 1909 y el conflicto colonial en Marruecos reflejaron el desgaste del régimen y el creciente protagonismo del Ejército. La falta de reformas reales y de integración política provocó una creciente desafección social.
    Esa desafección se canalizó en un ciclo de protestas, huelgas y movilización obrera, impulsado por el auge de UGT y CNT. Las malas condiciones laborales, la represión y la ausencia de diálogo alimentaron el conflicto social, especialmente en Cataluña, donde surgió el pistolerismo. La violencia entre patronos y obreros, sumada a la pasividad o dureza del Estado, agravó la tensión. Incapaz de ofrecer soluciones, el sistema entró en crisis abierta entre 1917 y 1923.
    La creciente inestabilidad facilitó el golpe de Primo de Rivera, apoyado por Alfonso XIII como solución de orden. La dictadura, inspirada en el modelo fascista, suprimió libertades y recurrió al corporativismo para frenar la movilización social. Sin base popular ni legitimidad constitucional, el régimen fracasó ante la crisis económica de 1929. La “dictablanda” posterior solo prolongó el desgaste de la monarquía, que quedó definitivamente desacreditada en 1931, abriendo paso a la Segunda República.

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