Práctico 9. Gráficos electorales de 1933 y 1936
A.-
INTERÉS DEL DOCUMENTO
El documento es
una fuente historiográfica formada por gráficos sectoriales
y una tabla estadística que representan los resultados electorales de 1933
y 1936, así como la evolución del censo y del porcentaje de participación
durante la Segunda República. Su interés radica en que permite comparar
la distribución parlamentaria, identificar cambios en las mayorías políticas y
comprender la polarización creciente que caracterizó el periodo previo a la
Guerra Civil.
B.-
DESCRIPCIÓN E IDEAS
El documento
representa la evolución de los resultados electorales de la Segunda
República, comparando la distribución de escaños de 1933 y 1936,
reflejando el ascenso de las derechas en 1933 y el triunfo del Frente
Popular en 1936, y mostrando la polarización política creciente que
caracterizó los últimos años del régimen republicano.
El gráfico
de 1933 muestra una clara mayoría de derechas (237 escaños),
seguida por los republicanos de centro (144), mientras que la izquierda obrera
(63) y los republicanos de izquierda (29) quedan en minoría. Esta distribución
refleja el desgaste del primer bienio reformista, el impacto político de Casas
Viejas y la movilización del electorado conservador. La tabla estadística
confirma que el censo casi se duplica entre 1931 y 1933 (de 6,2 a 12,9
millones) debido a la incorporación de las mujeres.
Por el contrario,
en 1936 se observa un giro electoral, donde el Frente
Popular obtiene 267 escaños y se convierte en la fuerza dominante, mientras
que las derechas descienden a 170 escaños y el centro queda reducido. El
aumento del censo a 13,5 millones y la alta participación del 71,4 % indican
una movilización excepcional del electorado de izquierdas, motivada por el
recuerdo de la represión de la revolución de octubre de 1934, la suspensión de
la autonomía catalana y la paralización de las reformas agrarias. La comparación
entre ambos gráficos muestra, por tanto, una alternancia brusca y una polarización
progresiva, preludio de la crisis final del régimen y del golpe militar de
julio de 1936.
Entre las ideas
secundarias destaca la inestabilidad del sistema electoral, que
permitía amplias mayorías con pequeñas variaciones de voto; la importancia del censo
femenino, que transformó el mapa electoral desde 1933; la creciente radicalización
política entre izquierda y derecha; y la desaparición del centro
republicano, que quedó prácticamente desarticulado en 1936. También se
aprecia la influencia de factores como la reacción conservadora frente a
las reformas de 1931-1933 y la movilización del Frente Popular ante el
avance de la derecha autoritaria en Europa.
C.- CONTEXTO HISTÓRICO
Tras las
elecciones de noviembre de 1933 se inició el llamado bienio radical-cedista,
caracterizado por una revisión profunda de las reformas del periodo anterior.
Desde diciembre de 1933 gobernó el Partido Radical, con un primer
gabinete presidido por Ricardo Samper, seguido posteriormente por gobiernos
presididos por Alejandro Lerroux, todos ellos apoyados
parlamentariamente por la CEDA de Gil-Robles.
Los nuevos
gobiernos emprendieron una política revisionista en varios frentes:
· En materia agraria
aplicaron la llamada Contrarreforma agraria, que paralizaba la
expropiación de latifundios, obligaba a miles de campesinos a abandonar tierras
ocupadas entre 1932 y 1933, y permitía a los propietarios rebajar salarios y
condiciones laborales. El conflicto agrario también se manifestó en Cataluña,
donde la Ley de Contratos de Cultivo aprobada por el Parlament en
febrero de 1934, destinada a proteger a los rabassaires, fue anulada por el
Tribunal de Garantías Constitucionales a petición de la Lliga, lo que provocó
la retirada de Esquerra Republicana de las Cortes y el deterioro de las
relaciones entre el gobierno central y la Generalitat.
· En política religiosa,
los radicales suavizaron las medidas laicistas aprobadas durante el gobierno
anterior, permitiendo el funcionamiento de escuelas parroquiales, suspendiendo
la eliminación del presupuesto destinado al clero y cesando las expropiaciones
a las órdenes religiosas. También se iniciaron negociaciones con la Santa Sede
con vistas a un posible concordato.
· En materia educativa,
quedó paralizada la construcción de nuevas escuelas públicas, lo que frenó uno
de los pilares de la modernización republicana.
· En el ámbito
militar, las amnistías concedidas beneficiaron a militares implicados en el
golpe de Sanjurjo de agosto de 1932, entre ellos el propio general, así como a
José Calvo Sotelo.
El viraje político
generó una fuerte radicalización en la izquierda. Dentro del PSOE
surgieron dos líneas enfrentadas, por un lado, la liderada por Largo
Caballero, que apostaba por la revolución social, y la defendida por Indalecio
Prieto, partidaria de recomponer alianzas con los republicanos de izquierda
para defender la legalidad constitucional. La UGT y los anarquistas
intensificaron huelgas y protestas, mientras la CEDA recrudecía su
presión para entrar en el gobierno. Finalmente, el 5 de octubre de 1934,
Lerroux incorporó a tres ministros cedistas en Trabajo, Justicia y Agricultura,
hecho que la izquierda interpretó como giro hacia el fascismo por parte del
gobierno.
Las protestas se
radicalizaron en diferentes ciudades, teniendo una especial significación en Barcelona
y Asturias donde se vivieron las Revoluciones de octubre de 1934. En Cataluña,
el 6 de octubre Lluís Companys, presidente de la Generalitat, proclamó el “Estado
catalán dentro de la República Federal Española”. El gobierno declaró el
estado de guerra y el general Batet recuperó el control con rapidez. Companys y
su gobierno fueron detenidos y el Estatuto de Autonomía quedó suspendido. En Asturias,
en cambio, estalló una auténtica insurrección obrera, cuando socialistas,
comunistas y anarquistas formaron la Alianza Obrera, ocuparon cuencas mineras,
se hicieron con arsenales y tomaron Oviedo tras duros combates. El gobierno
envió al general Franco, que ordenó el despliegue de unidades de la Legión y
Regulares trasladadas desde Marruecos. La represión fue dura con más de un
millar de muertos, miles de heridos y más de cinco mil detenidos. La derrota
asturiana profundizó la polarización y generó un clima de odio político que
condicionaría los años siguientes.
El final del bienio
radical-cedista estuvo marcado por la crisis del Partido Radical,
afectado por escándalos del estraperlo y Nombela. El presidente de la
República, Alcalá Zamora encargó entonces al centrista Portela Valladares
organizar nuevas elecciones para febrero de 1936.
La campaña
electoral de 1936 reflejó una sociedad profundamente dividida. Las izquierdas
se reagruparon en el Frente Popular (socialistas, comunistas,
republicanos de izquierda y otras fuerzas obreras) con un programa moderado
centrado en la amnistía, la reactivación de la Reforma Agraria y el restablecimiento
de los Estatutos autonómicos. La CNT, aunque no formó parte de la
coalición, recomendó votar al Frente Popular. Las derechas acudieron
fragmentadas. De un lado el Bloque Nacional de Calvo Sotelo que agrupaba
a monárquicos, tradicionalistas y la Lliga, la CEDA que mantuvo
candidatura propia y por último Falange Española de las JONS.
Las
elecciones del 16 de febrero de 1936 tuvieron una altísima participación
del 72 % y dieron la victoria al Frente Popular, con unos 266 escaños. La
victoria permitió la elección de Manuel Azaña como presidente de la
República y la formación de un gobierno republicano (Casares Quiroga)
apoyado por los socialistas. Las primeras medidas incluyeron la amnistía
de los presos de 1934, la restauración del Estatuto catalán, la aceleración de
los asentamientos campesinos y el traslado de generales sospechosos de
conspirar (Franco a Canarias, Goded a Baleares y Mola a Pamplona).
En
los meses siguientes, la creciente polarización política, la violencia
entre grupos extremistas y la actuación de sectores militares (UME) contrarios
al régimen republicano deterioraron rápidamente la situación. Los asesinatos
del teniente José Castillo y del diputado Calvo Sotelo intensificaron la crisis
y facilitaron la actuación de los conspiradores. Pocos días después, la sublevación
militar de julio de 1936 abrió el camino a la Guerra Civil,
interrumpiendo el desarrollo democrático de la Segunda República.
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