Práctico 10. Carteles de la Guerra Civil

 

A.- INTERÉS DEL DOCUMENTO

El documento está compuesto por dos carteles de propaganda de la Guerra Civil española (1936-1939), constituyendo unas fuentes históricas primarias de carácter político y social, con implicaciones también económicas relacionadas con la colectivización.

Su importancia radica en que permite comprender la guerra como conflicto total, en el que ambos bandos buscaron ganar la guerra también mediante la propaganda movilizando a la población.

B.- DESCRIPCIÓN E IDEAS 

El documento refleja el papel de la propaganda durante la Guerra Civil española (1936-1939), un conflicto que tuvo un fuerte carácter ideológico y social.

El cartel del bando sublevado presenta la Guerra Civil como una “Cruzada”, como la definió el 1 de julio de 1937 la Carta Colectiva del Episcopado Español encabezada por el Cardenal primado de Toledo, Isidro Goma, en la que se justificaba el alzamiento y se presentaba al bando sublevado como defensor de la civilización cristiana frente al “ateísmo” y la revolución. La cruz domina la imagen y se asocia a la defensa de España como guía espiritual del mundo, transmitiendo una visión del conflicto como una lucha por la religión, el orden y la tradición. La cruz proyecta su sombra sobre el mapa de España que se destaca en el orbe terrestre. Abajo figura el siguiente lema "España orientadora espiritual del Mundo". El cartel va dirigido a movilizar apoyos conservadores en torno a una visión nacional-católica del conflicto.

En contraste, el cartel del bando republicano, elaborado por la Federación Española de Trabajadores de la Tierra, muestra a un campesino y resalta las “ventajas de la colectivización”, vinculando la guerra a una transformación social y económica. El mensaje pone el acento en la tierra, el trabajo colectivo y la mejora de las condiciones de vida del campesinado.

Ambos carteles representan visiones opuestas del conflicto, una conservadora y nacionalcatólica frente a otra social y revolucionaria.

La finalidad principal de ambos carteles es propagandística, ya que buscan convencer, movilizar y mantener la moral de la población civil. En conjunto, el documento muestra la importancia de la agitación política, reflejando la profunda polarización que caracterizó la Guerra Civil española.

 C.- CONTEXTO HISTÓRICO

El fracaso parcial de la sublevación de julio de 1936 dejó a la República con un grave problema de autoridad. En muchas ciudades y comarcas el poder efectivo pasó a comités y juntas de partidos y sindicatos, mientras se extendía una revolución social de carácter colectivista impulsada principalmente por la CNT y la FAI.

Tras la dimisión de Casares Quiroga, fue nombrado presidente del Gobierno José Giral, que optó por armar a las milicias y disolver el ejército heredado, con el objetivo de formar batallones de voluntarios y reconstruir un nuevo aparato militar. Esta decisión permitió frenar el golpe en algunas zonas, pero reforzó el protagonismo de sindicatos y partidos en la retaguardia.

Ante la dificultad para coordinar a todas las fuerzas antifascistas, en septiembre de 1936 se formó un nuevo gobierno presidido por Largo Caballero, con republicanos, socialistas y comunistas, y desde noviembre con la entrada de cuatro ministros anarcosindicalistas, como Federica Montseny en Sanidad. El objetivo era construir una “gran alianza antifascista”, recomponer la autoridad del Estado eliminando comités y dirigir la guerra mediante la militarización de las milicias y la creación del Ejército Popular, organizado en Brigadas Mixtas. Por razones militares, el gobierno se trasladó a Valencia ante la amenaza sobre Madrid.

Durante este periodo se manifestó una profunda división interna respecto a cómo se debía afrontar el proceso revolucionario y la guerra. Un sector compuesto por republicanos, comunistas y parte del socialismo defendía controlar o limitar las colectivizaciones, reforzar el Estado y priorizar el esfuerzo bélico para obtener apoyos internacionales. Otro sector integrado por anarquistas de la CNT y el POUM apostaba por profundizar la revolución social y se resistía a integrar plenamente sus milicias en el ejército regular.

Las colectivizaciones fueron uno de los rasgos más destacados de la retaguardia republicana, especialmente en el ámbito agrario. En Castilla-La Mancha tuvieron una amplia implantación y, como ejemplo local, en Las Pedroñeras (Cuenca) existió una Colectividad de Fincas Incautadas, dirigida por la UGT entre 1937 y 1938, lo que demuestra el carácter real y organizado de este proceso.

La crisis interna estalló en los Sucesos de la Telefónica en mayo de 1937 en Barcelona, enfrentando a CNT y POUM con comunistas y partidos republicanos. El resultado fue la derrota del sector revolucionario, la disolución del POUM y la dimisión de Largo Caballero.

Desde mayo de 1937, el gobierno fue presidido por Juan Negrín, con presencia de fuerzas del Frente Popular y Indalecio Prieto en el Ministerio de la Guerra. Su política priorizó el esfuerzo militar, la centralización del poder y la integración definitiva de las milicias en el Ejército Popular. El gobierno se trasladó a Barcelona y Negrín defendió la resistencia, proponiendo en mayo de 1938 los Trece Puntos, que planteaban el fin de la guerra y elecciones democráticas, pero fueron rechazados por Franco. El agotamiento culminó en marzo de 1939 con la sublevación del coronel Casado en Madrid, que aceleró el final de la guerra.

En la zona sublevada, la prioridad fue transformar una coalición heterogénea (militares, falangistas, carlistas y conservadores) en un poder unificado. El ejército actuó como eje del nuevo régimen, con el objetivo de construir un Estado autoritario.

Tras la muerte de Sanjurjo, se creó el 24 de julio de 1936 la Junta de Defensa Nacional, que asumió todos los poderes, prohibió partidos y sindicatos, suspendió la Constitución de 1931 y paralizó las reformas republicanas. La evolución hacia el mando único culminó con el nombramiento de Francisco Franco como Jefe del Estado y Generalísimo el 1 de octubre de 1936, estableciéndose una Junta Técnica del Estado y concentrándose el poder en su figura.

Asegurada la unidad militar con la militarización de las milicias carlistas (requetés) y falangistas, se impuso la unidad política mediante el Decreto de Unificación de abril de 1937, que creó el partido único FET y de las JONS, eliminando el pluralismo, neutralizando las resistencias internas y adoptando señas identitarias (uniforme, saludo y jerarquización). En enero de 1938 se formó el primer gobierno de Franco bajo el título de Caudillo y se consolidó el nuevo Estado con leyes fundamentales como el Fuero del Trabajo, que establecía un modelo corporativo con sindicatos verticales y prohibía la huelga, junto a la censura y el control ideológico. La Iglesia recuperó un papel central, y el nuevo Estado derogó el matrimonio civil y el divorcio, controlando la educación y financiándose por parte del Estado. Por otro lado, se aprobó la Ley de Responsabilidades Políticas, base de la represión de posguerra.

Las consecuencias fueron muy graves, especialmente las humanas con cientos de miles de muertos y heridos, un sistema penitenciario masivo y amplias ejecuciones y depuraciones profesionales. El exilio, especialmente hacia Francia y México, supuso una enorme pérdida cultural e intelectual. La economía quedó profundamente dañada, con una fuerte caída de la producción agraria e industrial y una recuperación muy lenta. En el plano político, el triunfo sublevado puso fin a la experiencia republicana e instauró una dictadura, sustentada en el ejército, la Iglesia y los grupos sociales conservadores.

 


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